Cómo la gamificación seduce a nuestro sistema de recompensa cerebral

 Antes de comenzar con el desarrollo del artículo sobre gamificación y recompensas, vamos a echar mano de algunas definiciones para conocer de qué referirá el escrito. De la RAE aprendemos que:

• Recompensar

— Retribuir o remunerar un servicio. / Premiar un beneficio, favor, virtud o mérito.

• Jugar

— Hacer algo con alegría y con el solo fin de entretenerse o divertirse. / Entretenerse, divertirse tomando parte en uno de los juegos sometidos a reglas, medie o no en él interés. / Dicho de un jugador: Llevar a cabo un acto propio del juego cada vez que le toca intervenir en él.

En Wikipedia nos informamos que:

• Gamificación

— La gamificación es el uso de técnicas y dinámicas propias de los juegos y el ocio en actividades no recreativas. La gamificación pretende introducir estructuras provenientes de los juegos para convertir una actividad a priori aburrida en otra actividad que motive a la persona a participar en ella, como sería premiar con insignias ciertos logros a lo largo de la actividad. Si bien introducir valores lúdicos a estas actividades no es una idea nueva, se trata de un concepto que se ha visto magnificado en los últimos años como consecuencia del auge del entorno digital, de los videojuegos y de estudios aplicados a estos como la ludología.

Con este bagaje de términos procuraré dilucidar porqué la gamificación obra directamente sobre el sistema de recompensa de nuestro cerebro.

El sistema de recompensa del cerebro, ¿qué es?, ¿cómo funciona?

A través de años y años de evolución, el ser humano ha aprendido a estimular el circuito cerebral del placer no solo para sobrevivir en la sabana africana sino también para facilitarse otros tipos de complacencia. El cerebro es nuestro hardware, un complejo sistema donde cada parte ejecuta una tarea particular y en comunión con otras nos hacen actuar como conjunto. Es el órgano comisionado de desarrollar los mecanismos de supervivencia y adaptación al medio ambiente.

Se conoce como sistema de recompensa del cerebro al conglomerado de conexiones neuronales que, mediante estímulos nerviosos, provoca una sensación de bienestar en nuestro ser, en seguida de cumplir determinadas tareas. El sistema de recompensa no sólo replica con placer o dicha ante una acción o actitud, sino que también es responsable de aprender esa conducta para ulteriormente repetirla, asociándola a la sensación agradable.

¡Quiero más!, ¡quiero más! Cómo el juego recompensa al cerebro.

El juego está presente en muchísimos aspectos de nuestra vida. Yo juego, tu juegas, todos jugamos. Tom Chatfield afirma que los juegos están perfectamente sintonizados para repartir recompensas que involucran el cerebro y nos mantienen dispuestos y deseosos de conseguir más. La gamificación es el uso de técnicas y dinámicas propias de los juegos y el ocio en actividades no recreativas para persuadir e interesar al sujeto.

Las empresas y organismos, día a día, están aceptando y utilizando la gamificación para motivar cambios de comportamiento e involucrar a los individuos actuantes de su entorno. El concepto de gamificación asomó en el mundo del marketing, como resultado de la asociación y mezcla de elementos antes no conectados –basamento de la creatividad–.

La receta sería algo así: una parte de la dinámica de los videojuegos, otra parte de engagement del usuario, condimentado a gusto con desafío, motivación y diversión. La gamificación marcha porque a todos nos regocija jugar. Es tentador, hay competencia y anhelos de premios y retribuciones. El juego ayuda a crear y propagar la participación, actividad y lealtad, nuevamente el engagement dice presente, de un universo de usuarios para activar, comprometer y fidelizar websites, apps o comunidades –reales y virtuales–. Los mecanismos del juego están estrechamente vinculados al deseo del ser humano. Recompensa y éxito, posicionamiento y competencia. Como decía un viejo slogan de un centro comercial, «lo importante no es que vengas, sino que regreses».

La gamificación nos mantiene al pendiente del juego, provoca la expectativa e impulsa al sistema de recompensa para querer reincidir la experiencia para, prontamente, volver a inducir el deseo que avive el sistema de placer para aspirar a más y el círculo se vuelve a repetir…

La gamificación marcha porque a todos nos regocija jugar. Es tentador, hay competencia y anhelos de premios y retribuciones.

El sistema de recompensa del cerebro se activa frente a un estimulo externo y envía señales mediante conexiones neuronales para liberar a los neurotransmisores responsables de sensaciones placenteras como la dopamina y la oxitocina. La finalidad es concreta: provocar que reiteremos uno o más comportamientos, como forma de asegurar la existencia. Con la evolución, el hombre ha aprendido a alentar el circuito del placer no solo para complacer conductas básicas sino para adquirir otros tipos de gozos más refinados y artificiales que nos hacen sentir bien (incluso pueden ser perjudiciales).

Está probado el empuje y potencia de la gamificación para involucrar entornos e individuos. Estés donde estés, y vuelvas cuando vuelvas, en un buen juego siempre tienes una nueva meta al alcance de la mano, asegura Sebastian Deterding. Y nuestro cerebro está ahí, aguardando el momento para darle play al intrincado sistema de recompensa para conseguir la impresión y emoción de propósito.

La gamificación marcha porque a todos nos regocija jugar. Es tentador, hay competencia y anhelos de premios y retribuciones.

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